Así es como tu piel consigue cumplir con una de sus funciones esenciales: regular tu temperatura corporal. Por tanto, sudar en determinadas circunstancias es natural, tengas el tipo de piel que tengas.
En sí, el sudor no tiene olor. Ni bueno ni malo. En realidad son las bacterias que recubren nuestra piel las que producen mal olor, tras descomponer algunos de los elementos del sudor.
La piel de la axila es especialmente propensa a la proliferación de bacterias. Por eso, es básico que la cuides activamente cada día con productos específicos para esta zona. Aunque son muchos los factores que pueden hacer que sudes más o menos, tales como el clima en el que vives o lo nervioso/a que estés, ninguno influye tanto en el olor corporal como mantener o no una buena higiene diaria.
Si tu piel está siempre limpia, las bacterias no tienen nada que hacer.