Cuando después de unas vacaciones o un fin de semana vuelves con la piel bronceada, a todo el mundo le parece que tu aspecto es más saludable. Sin embargo, cada vez que vas a la playa, a la montaña, a esquiar, o simplemente a una cabina de bronceado, tu piel sufre una agresión.
El bronceado no es más que un mecanismo de protección frente a la radiación solar. Cuanto mayor es la exposición, mayor es la agresión. Tras varias horas al sol, las células dañadas liberan sustancias que hacen que la piel se inflame. Pero el grado de inflamación depende también de lo blanca y fina que sea tu piel. Las personas de piel muy clara resisten la radiación 10 veces menos que las personas de piel oscura y gruesa.
Por eso, si vas a broncear tu piel, lo mejor que puedes hacer es cuidarla activamente.