No todas las pieles tienen el mismo grosor. La piel sensible, por ejemplo, es la más fina de todas ellas. Esto se debe a que su estrato córneo –la capa más interna de la piel- es más delgado que el de la piel normal. Y una piel con menos grosor es más delicada, ya que, al ser más fina, puede dañarse con mayor facilidad. Además la piel sensible está más expuesta a todo tipo de agresiones, y las nota más.
Por esta razón, la piel sensible necesita cuidados especiales. Productos que la protejan a fondo y que incluyan formulaciones estudiadas para respetar su naturaleza delicada.